Escena



Érase una cama
mirando al techo
Érase Ella
perdida inocencia, blanco sucio
de techo
grietas como estrellas
fugaces
sobre sus cabezas


Nada



Nada. Algunos sonidos de máquinas
entre respiraciones rítmicas
Se aleja el ruido vacío plástico
de teclas
la megafonía aduladora
con voz de mujer
bolígrafos punzantes tatuando folios.
Nada. Intermitencia al salir y entrar
a lo largo de la línea azul
imaginaria ruta de lagos,
la tierra húmeda, entrelazados dedos
como palmeras contra el horizonte
y una tranquila memoria sobre el agua,
estirada fatiga del músculo.

Nada. Progresivo avance y vuelta.

 

Últimas tardes con H.



Lo excepcional está sin darse cuenta
Tras el cristal redondeado se
dibuja en las hojas del cuaderno

Con la inocencia del desconocimiento, 
las palabras de su boca
pictórica
rompen de un modo doloroso
y continuo contra el alma vecina
acosada por las olas, presa
de la emoción extraña.

En un segundo el vaso se derrama
Estalla en lágrimas


Parte II: Después del Tractatus



[XI]

Hemos fijado un punto en esta línea. Hay una extraña ley que hizo que nuestras geometrías se cruzaran y se cumpliera la ley del centro, equidistante de todos los lugares. Somos perpendiculares y nos hemos encontrado en la línea de tierra para seguir el camino por el borde del mundo.

Unísono solo



Esta especie de utopía
es como pretender el verano
un día gris insulso
Fuimos pasto de las llamas
ahora
rostros planos sin el relieve
de las sombras que invocan
insinuación y ganas de.
Pero digo que no. Gritaré
también con los dedos al borde
de la piscina azul
–que no es un cuadrado de agua, sino de cielo-
mi coro de tragedia griega a una sola voz:
Espero en el lugar que no existe.