He
llegado al salón de los pasos perdidos. Parece que todas las ideas llevaran
necesariamente al mismo sitio, el lugar sin lugar donde todo se despoja de su
rostro. Se trata de un cuarto impreciso, una suerte de laberinto, pero del que
se está infinitamente saliendo. He llegado a ciegas. Sólo sabré si estoy fuera
cuando las sensaciones vuelvan a ser palpables.
[Estuve buscando...]
Estuve buscando el ritmo
de la música en la ciudad
por la ventanilla
acelerándose
cuerdas tensadas y postes
la intermitente luz cegadora
de faros y focos y farolas y
rojo de freno
Paseo de Navidad
El lugar de los músicos está en la calle,
entre dos arquitecturas
capitalistas,
cimientos de oro
Y afuera el frío centígrado
Tocaban un aria de Bach:
notas amoratadas, gélidas,
colgando de los pentagramas
como carámbanos
Era hielo hecho música
a punto de derretirse
de tristeza
Sonaba grito ahogado
la armonía, perdida
entre automóviles
y villancicos
Escena
Érase una cama
mirando al techo
Érase Ella
perdida inocencia, blanco sucio
de techo
grietas como estrellas
fugaces
sobre sus cabezas
Nada
Nada. Algunos sonidos de máquinas
entre respiraciones rítmicas
Se aleja el ruido vacío plástico
de teclas
la megafonía aduladora
con voz de mujer
bolígrafos punzantes tatuando
folios.
Nada. Intermitencia al salir y
entrar
a lo largo de la línea azul
imaginaria ruta de lagos,
la tierra húmeda, entrelazados
dedos
como palmeras contra el horizonte
y una tranquila memoria sobre el
agua,
estirada fatiga del músculo.
Nada. Progresivo avance y vuelta.
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