El palacio de la memoria

Amueblo y proyecto una y otra vez

las habitaciones

del palacio de la memoria,

templo presuntuoso para no olvidar

contornos de piedra

eterna

opalescentes huecos por donde entra

la luz de las cosas del pasado.

Se mantiene fuerte en su estructura,

en la medida en que recorro

incesantemente

las innumerables estancias comunicadas,

un ejercicio de memoria de rincones,

texturas, arte abstracto y escenas.

Este palacio es, también, a veces

frágil

Los recuerdos desaparecen de repente

No consigo entrelazarlos en el plano,

habitaciones cerradas y oscuras,

desaparecidas.


 

Animales de los Alpes

 

Los ratoncillos alpinos eligen

su guarida en la cima,

entre las rocas con vistas donde

solamente se esparcen curiosas escasas flores

a ras.

El viento no las encuentra.

Me imagino esa oquedad

angulosa como un piso alto

con la suficiente perspectiva

para vigilar el vuelo de rapaces,

desde lo lejos,

mientras se remueve tranquilamente

el café al sol.

Un minuto más de luz


Un minuto más de luz
del invierno al verano
un minuto más
respirar
y salir hacia zonas menos densas
donde la niebla deja entrever
esa claridad blanquísima
entre ramas de árboles sin hojas,
un fondo en escala de grises.

Al imaginar con fuerza
se puede percibir casi el color
de la luz
cuando vuelva a ser cálida.

El pulso de la ciudad


La ciudad late
en esta gente que compra un café
y monta en bicicleta
camino del trabajo.
El frío es gris y
casi duele en los ojos,
pero es un frío purificador.
Miradas aún asustadizas bajo los gorros
parpadean frente a los chorros de luz
arrojados por los faros de los coches.
Todo despierta y se abre lentamente más
a la aventura de la intemperie, vive.